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¿Cuándo
debería estar preocupado?
Las reacciones traumáticas son diferentes de las de aflicción.
Recientemente se ha verificado que los niños son susceptibles a experimentar
trastorno de estrés postraumático -posttraumatic stress disorder
(PTSD)-, un trastorno que en el pasado se atribuía exclusivamente
a adultos supervivientes de guerras. Estas reacciones también se observan
en niños que han sufrido desastres, actos de violencia, una muerte
no anticipada, lesiones críticas, accidentes automovilísticos
mortales, ahogos y todo tipo de incidentes repentinos que afectan a familiares
o amigos.
La palabra que mejor
describe la aflicción es la tristeza;
la que mejor describe trauma es terror. El terror induce reacciones que
no se ven con frecuencia
en niños afligidos.
Ud. debe estar preocupado/-a
cuando su hijo...
- Tiene dificultad en quedarse dormido, miedo a dormir solo o estar solo aun
en períodos breves de tiempo.
- Se agita o aterroriza
fácilmente por sonidos, visiones, olores similares
a los del episodio -un coche ruidoso puede sonarle como el
disparo de un arma que mató a alguien; para un niño,
el bajar su perro ruidosamente las escaleras le recordaba la caída
mortal de su padre por las escaleras.
- Está supervigilante -siempre
alerta y anticipando que están
o van a estar en peligro.
- Busca "escondites" seguros en su entorno, en cualquier habitación
que se encuentre. Los niños que duermen en el suelo en vez de su cama
después de un trauma lo hacen porque temen que la comodidad de una cama
les va a hacer dormir tan profundamente que no van a poder oír
un peligro que se aproxime.
- Verbaliza un
deseo de venganza.
- Actúa
como si no ya no tuviera miedo de nada ni nadie (pero enfrente del
peligro no responde de manera apropiada),
verbalizando
que ya nada
les asusta.
- Se olvida de
habilidades aprendidas recientemente.
- Regresa a comportamientos
que antes había abandonado, por ejemplo, hacerse
pipi en la cama, morderse las uñas, o desarrollar
hábitos
molestos como tartamudear.
- Se retira y no
quiere ver tanto a sus amigos.
- Desarrolla dolores
de cabeza, problemas estomacales, fatiga, y otros trastornos no existentes
anteriormente.
- Parece tener
más accidentes, asumiendo riesgos
que antes evitaba, exponiéndose
al peligro, imaginándose estar viviendo
el episodio traumático
como víctima o héroe.
- Empieza
a tener problemas en la escuela, incluso
con peores notas y dificultad de concentración.
- Desarrolla
una visión pesimista del futuro,
perdiendo la fuerza para superar dificultades
adicionales, perdiendo la esperanza, la
pasión
por sobrevivir, jugar y disfrutar de la vida.
Mientras que estos
cambios no son inusuales, suelen ir desapercibidos o no obtienen la
ayuda de
un adulto. Estos cambios pueden y, de hecho,
se
hacen
permanentes cuando el niño no recibe la ayuda adecuada. Con
frecuencia los niños sufren en silencio con su terror durante
años, hasta
que uno o varios de estos cambios se hacen tan intensos y problemáticos
que alguien los trae a colación. Desafortunadamente, después
de varios años casi nadie asocia estas reacciones con el trauma
original del niño. La ayuda prestada suele estar desequilibrada,
lo cual acentúa
la sensación de desaliento y fallo en el niño.
Parents Trauma Resource Center
www.tlcinstitute.org • 877-306-5256
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